Publicado: 8 de Septiembre de 2017

Usamos ambos términos como sinónimos, pero no son lo mismo. El cristal y el vidrio tienen características químicas diferentes, aunque a veces sea difícil distinguirlos a simple vista.

Según la RAE, el vidrio es un "material duro, frágil y transparente o traslúcido, sin estructura cristalina". Este material está compuesto de arena de sílice, carbonato de socio y caliza, que se funden a unos 1.500° C.

En puridad, los cristales son solo los que forma la naturaleza por la cristalización de gases en el interior de las rocas (como por ejemplo, el cuarzo). Pero también se usa este término para designar a aquel material que comparte la composición del vidrio pero incluye también óxido de plomo, que le da mucho más brillo y el sonido característico que hacen las copas 'buenas' cuando las tocamos con el dedo húmedo.

Se parece mucho más al cristal puro -el que está en la naturaleza- que el vidrio y por eso se ha apropiado de su nombre.

En general, las botellas de vino y cerveza, los botes de conserva, los envases de perfumes... están hechos de vidrio.

La copas de calidad, los espejos y las ventanas están hechas de cristal.

Más allá de la curiosidad, hay otro detalle importante en la distinción de unos y otros: solo debemos tirar al contenedor verde los envases de vidrio, porque el cristal se funde a distinta temperatura que este y no pueden reciclarse a la vez.